1. Los informáticos son muy útiles: pueden arreglar tu PC, tu Notebook, enchufes, radios, televisores o cualquier cosa que use corriente. Esas habilidades pueden hacer que tu vida vaya sobre ruedas.
  2. Son más románticos de lo que la gente piensa. Su idea del romanticismo puede consistir en hacer una página web sobre ti. Las webs duran más que las flores y se la puedes mostrar a tus amigas por todo el mundo.
  3. Tienen una capacidad sorprendente para optimizar tiempo, espacio, dinero, etc. Todo sea por pasar horas y horas mejorando alguna Query, el menú de un programa o simplemente por picar horas y horas código.
  4. No tienen mucho gusto por la comida, así que no habrá necesidad de cenas muy elaboradas. Y si no eres la mejor cocinera, siempre puedes pedir una pizza, invitarlos al Mcdonalds o a comer un completito.
  5. No tienes que preocuparte de donde están, lo más probable es que lo encuentres frente el computador (activa la geolocalización de Google Maps si quieres ubicarlo rápidamente) o por: Email, Msn, Gtalk, Facebook, Skype, etc. siempre tendrán uno o más de estos servicios activos.
  6. No se fijan mucho en los detalles que estén fuera del monitor. ¿Quieres andar por la casa con una camiseta vieja para estar más cómoda? A él no le importará. No le molestará que no te maquilles o que no te arregles el pelo, con un poquitito de sexo diario semanal lo dejarás conforme.
  7. Siempre hará los mejores cálculos para ahorrar en el supermercado (si lo convences de ir).
  8. Puede que no entiendas de computadores, televisión ni DVD’s y tampoco te importe ser popular o elegante, pero ¿qué me dices de los últimos gadgets tecnológicos? Serás la orgullosa poseedora de los aparatitos más modernos si te decides por casarte con un informático. Además conocen programas para hacer cosas que ni imaginas 1313. No hay nada imposible para ellos.
  9. No te va a poner los cuernos. Toma a la mujer más sexy del mundo (Angelina Jolie, por ejemplo) y ponla en la misma habitación que un informático. En un rincón, pon un PC último modelo. Apuesto a que a tu informático le apetece más jugar con el ordenador que empezar a conocer a Angelina Jolie. De hecho, puede que ni siquiera la vea si el ordenador dispone de conexión a Internet. ¡Por favor! Tiene que revisar su e-mail, navegar por la web y escribir un post en su blog (lol) contando que está en la misma habitación que Angelina Jolie…
  10. Y esta es la razón definitiva: realmente le importas. No tu apariencia (aunque eso es un plus), ni lo delgada que estés, ni todo el maquillaje que te pongas encima. Le gustas porque eres tú (siempre y cuando tengas un buen FireWall).

Visto en | reparaciondepc.cl


Binarios:
Apagado y encendido,
aquí y allá,
simplicidad y dificultad,
soledad y alegría.
Tenerte sin estar,
estar sin tenerte.
Fantasía y realidad.
Binarios: un par.


El cuento "La luz es como el agua" de Gabriel García Márquez es la historia de dos niños de padres Colombianos, viviendo en un quinto piso en Madrid, Totó y Joel, quienes quieren como regalo de navidad un bote de remos. Los padres les conceden su deseo por haber obtenido de buenas calificaciones escolares; además, les adquieren un equipo de pesca submarina que los niños también les piden. Con el hecho de vivir en Madrid y en un quinto piso de un edificio parece absurdo que los niños hayan pedido semejantes regalos, pues no les servirían para nada por falta de aguas navegables. Sin embargo, los niños están convencidos de que la luz es como el agua porque el narrador, que es un poeta, les ha dicho que así es y cada miércoles navegan "a placer entre las islas de la casa" (65). En la narración del cuento la poesía se vuelve realidad. Esto se logra a través de elementos del realismo mágico como la transformación de lo común y cotidiano en una vivencia fantástica y la falta de explicación a estos elementos mágicos. El lector ve la realidad de los personajes como si fuera un sueño, pero no hay nada en el texto que lo confirme.

En primer lugar, los niños están aferrados a cumplir mágicamente sus deseos de navegar y bucear en un quinto piso por más imposible que parezca. Como comenta la madre, Totó y Joel "son capaces de ganarse hasta la silla del maestro" para conseguir lo que quieren. El único problema real que, en mi opinión, tienen es la falta de agua, pero este queda resuelto gracias al narrador y la poesía. Cuando Totó le pregunta al narrador que "cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, [el narrador] no tuv[ó] el valor de pensarlo dos veces. — La luz es como el agua — le contest[ó]—: uno abre el grifo, y sale." (65) Los niños se tomaron la símil en forma literal y a través de sus ojos empezamos a ver el mundo maravilloso y a la vez real de los niños. La luz es el agua para ellos y los hechos narrados así lo confirman.

Teniendo lo anterior en cuenta, a lo largo de "La luz es como el agua" nos encontramos con elementos del realismo mágico que hacen que el lector perciba la realidad como si fuera mágica. Los lectores vemos una transformación de lo "normal" o común en algo fantástico o sobrenatural que no tiene explicación en la narración. Por ejemplo, cuando el narrador nos cuenta que "la noche del miércoles, [cuando] los padres se fueron al cine. Los niños... cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa" (65). Nosotros los lectores nos preguntamos cómo es posible que la luz sea el agua sobre la que navegan los niños, podemos ser incrédulos, pero no hay nada que nos diga lo contrario. Al final se nos pinta otra imagen del realismo mágico con los sillones flotando en la sala, los utensilios domésticos volando con sus propias alas y los niños muertos ahogados en la luz (66).

En conclusión, en el cuento "La luz es como el agua" podemos encontrar elementos del realismo mágico que hacen la vivencias y la realidad de los personajes parecer mágicas. La falta de explicación de hechos sobrenaturales nos permite a los lectores cuestionar lo sucedido y crear nuestras respuestas. A simple vista, el cuento parece relatar los sueños de los niños, pero es la realidad. La única forma en la yo podría explicar lo su sucedido seria que todo salió de su imaginación y fue un sueño. Cuando se es pequeño uno cree en casi todo lo que le dicen; si alguien le dice a un niño la símil: luz es como el agua seguramente se lo creerá. En el cuento los elementos del realismo mágico hacen que se vea como real, pero en mi opinión, todo pudo ser producto de la imaginación de Totó y Joel.

Referencias

La luz es como el agua" de Gabriel García Márquez.
El realismo mágico (Presentación PowerPoint)

El primero de enero, tararí,
será tan gris como un jueves cualquiera,
sin Drácula escalando el Pirulí,
ni marcianos cruzando la frontera.

Más de lo mismo bajo el cielo añil,
Cronos en su fugaz trono vacío,
la anoréxica luna giligil
no exportará vacunas contra el frío.

Llenaré otro galpón municipal
y esperaré el diluvio universal
viendo crecer el bosque por la acera.

El primero de enero (del dos mil),
aunque siga muriéndome por ti,
me iré con la primera que me quiera.

Poema: El primero de Enero
Libro: Ciento volando de catorce
Autor: Joaquín Sabina






geekEran las seis menos cuarto de una tarde nublada de agosto. Las nubes parecían haber bajado del cielo para ocultar al astro rey y dar paso a las gotas de lluvia que algún día se habían evaporado. El verano se estaba muriendo y sus últimas lágrimas estaban a punto de caer. Jaime esperaba taciturno y solitario en un costado de la puerta de su salón de clases a que el profesor de informática la abriera. Era el primer día de clases y esta, su última clase del día. Silenciosa y detenidamente observaba a sus condiscípulos pasar por los pasillos, algunos muy serios, otros sonriendo y algunos corriendo como queriendo escapar. Cavilaba, los observaba y analizaba pero, a ninguno saludó con un “¡Hola!” o “¿Cómo estás?”, solo con una mirada. Era como un bicho raro, alejado de todo, y parecía vivir en otro mundo. Ver a sus compañeros pasar, le pareció a Jaime como ver el flujo de datos, información e instrucciones dentro de la computadora. Como los datos, sus condiscípulos entraban; como los datos, los condiscípulos pasaban por los periféricos; como instrucciones dentro de una computadora, los condiscípulos ejecutaban una acción; y al final salían, como el resultado de una operación de datos e instrucciones dentro de la computadora.

Por fin pasaron los quince minutos de espera y a las seis de la tarde con un minuto arribó el profesor, abrió el aula y entraron los estudiantes. Atrás iba Jaime. Sin dar muestras externas de entusiasmo o deseo de estar en clase, Jaime se dirigió a la última fila de butacas y en la esquina más alejada del profesor, se sentó. Aunque por fuera Jaime Solá no mostraba ninguna emoción por la clase, por dentro estaba fervoroso por aprender sobre su asignatura favorita: la informática. Quería comenzar a jugar con datos, mejorar su entendimiento del sistema binario, aprender e implementar complejos algoritmos y desarrollar programas innovadores que de alguna u otra forma pudieran ayudar a hacer la vida más fácil para los usuarios y para él mismo.

El profesor, quien al entender de Jaime era un viejo de apariencia geek, de barba crecida, anteojos, jeans, camiseta de tux y cabello que denotaba cierta edad, se presentó ante la clase. Era español. Con un acento andaluz les dio la bienvenida. Tenía vasta experiencia en programación, desarrollo web y de software; dominaba a la perfección los lenguajes Pascal, C, C++, Java, JavaScript y PHP. Solá quedó maravillado al escuchar las palabras divinas del profesor. Era música para sus oídos. Se miraba en sus zapatos, sin duda, quería aprender informática y convertirse en uno de estos bichos raros (si es que todavía no lo era). Sin embargo, el estado divino en el que se encontraba le duró muy poco. Como era el primer día clases, el profesor, después de su introducción, solo repasó el sílabo, la organización y estructura de la clase y la dio por concluída. Jaime se quedó con las ganas de aprender algo nuevo el primer día de clases, estaba desilusionado y cansado pero, al mismo tiempo, esperanzado porque sentía que iba a aprender mucho ese semestre. Afuera, ya lo esperaban las primeras gotas de lluvia que empezaban a caer lentamente como lágrimas.

Jaime fue el último en dejar el salón de clases, salió como entró: solo y sin decir ni pío. Tenía que recorrer varios kilómetros para llegar a su casa, pues la escuela se encontraba en lo alto de una montaña.

Así que con la sabiduría de la tortuga, sin pausa pero sin prisa, se dirigió hacia su automóvil. Abrió la puerta, encendió la radio y la primera canción que salió fue una de Joaquín Sabina: “Amor se llama el juego”, decía la canción, “en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño.” Y continuaba: “y cada vez peor y cada vez más rotos y cada vez más tú y cada vez más yo sin rastro de nosotros.” Jaime se detuvo, y fiel a su forma de ser, intentó razonar y entender lo que quería decir Sabina con la letra de esa canción, pero no pudo. Nunca entes había estado enamorado y el tema del amor le resultaba muy poco familiar. Siguió pues su trayecto en la carretera, la cual estaba rodeada de álamos y paralelamente tenía su cauce un río. Por los árboles y la lluvia, que en ese entonces ya no eran lágrimas sino lagrimones, la visibilidad se vio reducida; apenas se podía ver la línea divisoria de los carriles de la carretera, y era imposible distinguir las luces de un carro si se aproximaba. Jaime iba en el camino y observó una luz tan brillante que lo hizo perder el control; se estrelló contra un álamo, sintió que algo le escurría de la frente y de repente vio la silueta de una mujer. La mujer vestía de negro, tenía un cuerpo bien definido y una mirada firme imposible de no ver. Él había escuchado leyendas sobre una mujer que la llamaban la Señora de los Solitarios, y tenía rasgos muy parecidos a los descritos anteriormente, pero gracias a su escepticismo nunca creyó que existiera. Al parecer, perdió el conocimiento y a la mañana siguiente encontró entre sus manos el siguiente pseudocódigo de un algoritmo en Java sobre el amor:


//Variable amor de tipo booleano: true o false
boolean amor = false;

// Objetos de la clase persona
Persona X = nulo;
Persona Y = nulo;

//Si X es igual a Y, amor es verdadero
if (X == Y)
{
Amor = true;
}

//Si no, amor es falso
else
{
Amor = false;
}

//Mientras el variable amor sea verdadero imprimimos
“¡¡Enamorado!!”
While (Amor == true)
{
system.out.println("¡¡Enamorado!!");
}